NIÑOS Y PANTALLAS: Una reflexión de cuarentena
- Valentina Meneses

- May 18, 2020
- 5 min read
Antes de la cuarentena sanitaria por coronavirus yo era de las madres a las que la tele le parecía más un enemigo disfrazado que un aliado. Prefería sacar a mi hijo de 2 años y 9 meses y su hermana de 4 meses al parque, el más grande iba al jardín, y en casa solíamos hacer actividades manuales.
Pero una vez inició la cuarentena se acabó el jardín, se acabó el parque, y solo quedaron las actividades manuales y la tele. Al principio no le di mayor importancia y dejé que los minutos de tele se convirtieran en horas, ya que, con un bebe de 4 meses y una casa por mantener, a parte del trabajo- pensé que la tele me podía ayudar a avanzar más rápido. Y así es, hasta que hay que apagarla para realizar cualquier otra actividad. Es ahí cuando grandes llantos (propios también de un niño de 2 años y 9 meses) y enojos salen a la luz y todo lo “ganado” mientras la tele estaba prendida se pierde.
Los días han ido pasando y las medidas de mitigación me indican que pasará mucho tiempo antes que nuestra rutina habitual de parques y salidas vuelva a su anterior normalidad y que la convivencia con la tele u otro tipo de pantallas es necesaria para que yo les saque provecho a ellas y no ellas a mi o a mi hijo.
Por esta razón decidí asesorarme con la psicóloga infantil Karina Saldias; quise aprender un poco del aburrimiento, los niños las pantallas y ganar algunas herramientas que me permitan guiar a mi hijo en un uso saludable de estas.
Lo primero que Karina me señalaba es que para un niño cuando la pantalla está apagada se siente con la misma sensación de “pérdida de tiempo” que cuando nosotros entramos al baño sin el celular. Así que me dispuse a hacer el ejercicio de durante un día no usar el celular en esos “tiempos muertos” y ¡Oh sorpresa! Yo tampoco podía soportar de buena manera esos espacios en un comienzo. No encontraba en que “aprovechar el tiempo”. Las pantallas -como el celular y la televisión-, permiten mitigar la sensación de aburrimiento y generar una sensación de placer inmediato que pocos estímulos pueden generar en comparación, lo cual puede ser muy adictivo tanto para un adulto como para un niño.
Luego Karina me guiaba en que idealmente el niño preescolar (entre los 2 y los 5 años) debería limitar al máximo su tiempo en pantallas. Las recomendaciones de la comunidad científica incluida la OMS- dan cuenta de los efectos nocivos de la exposición a pantallas de manera prolongada antes de los 5 años. Lo anterior se relaciona primero con el sedentarismo (recordemos que un niño necesita al menos 3 horas de actividad física para mantenerse sano) y en segundo lugar con los efectos en el cerebro del niño (las pantallas afectan el desarrollo de la corteza prefrontal, la parte del cerebro encargada de la regulación de las emociones y el comportamiento).
En contexto de cuarentena seguir estas recomendaciones se hace particularmente difícil, debido a que los niños no cuentan con sus espacios de desarrollo usuales, los padres deben conciliar las tareas de crianza con las labores domésticas y laborales, y se cuenta con una menor red de apoyo para realizar todas estas tareas. Por lo anterior, me sugirió:
- Disminuir el tiempo de pantalla lo mayor posible, sobretodo en los niños menores de 2 años. Posteriormente evitar que el tiempo se extienda por más de una hora.
- Tener espacios de juego vincular, es decir, espacios de juego del niño con su figura de apego: puede ser desde hacer ejercicio, a cocinar algo juntos, pasando por hacer manualidades o jugar con juguetes.
- Promover espacio de tiempo libre para el niño, en el cual pueda jugar libremente sin pantallas. Que pueda aprender a aburrirse.

“En una generación donde todo es inmediato, la diversión, la comida, la información, aún es importante que vivamos un tiempo de Ocio en el que podamos dejar que nuestra mente aprenda a tolerar la frustración, el fracaso y a inventar por sí misma recursos que le permitan cambiar su situación.”
Luego de esta llamada de alerta ya que mi hijo pasaba más del tiempo recomendado frente a una pantalla y probablemente un poco menos del tiempo recomendado de juego vincular decidí empezar a generar cambios graduales en nuestra rutina para permitirle a mi hijo las pantallas, pero de una forma menos dañina y mejorar el tiempo que pasamos juntos. Los primeros días apagar la tele significó gritos llantos y peleas, atrasos en la rutina de la casa y con mi hija menor. Pero de a poco fuimos generando estrategias para que no solo no reclamara por apagar la tele si no también estuviera dispuesto a hacerlo.
EL PLAN
Lo primero fue un trabajo de organización por mi parte de saber en qué momentos yo voy a trabajar, ocuparme de la casa y dejar para supervisar y acompañar la rutina de mis hijos exclusivamente, ya que uno haga lo que haga nunca deja de supervisarlos realmente.
Lo segundo fue autoconvencerme que no debía ganar toooodas las batallas con mi hijo ya que como dice Karina ellos también tienen su propia agenda, sus propios intereses por lo que sí a mí se me ocurre que ahora podríamos pintar y mi hijo no está interesado en la actividad no debo obligarlo a esa actividad y dejarle que elija el también algo que sea de su gusto, dando solo márgenes de acción.
Luego también volví a mi anterior práctica de incluirlo en las labores domésticas ya que, aunque tenga 2 años es capaz de hacer muchas cosas con su cuerpo y muestra interés por algunas tareas domésticas, como la limpieza o la cocina. Así que siempre busco que tareas él puede realizar o aprender que sean de su interés para que realicemos juntos, tornándose en una instancia de tanto de aprendizaje como de vínculo y diversión.
*Como extra también incluí el hablar de los sentimientos cuando estaba muy enojado, tratando de primero hacerlo respirar para que deje de gritar y que pueda ponerle nombre a la emoción que siente a través de nombrarla y decir qué cosa la provocó. Eso me ayuda a reducir el tiempo en el que está enojado por algo ya que cuando lo dice a veces el mismo propone como quiere solucionarlo, o me da luces a mí de que opciones puedo usar para superar el problema.
Por último, pero no menos importante procurar que el tiempo que mi hijo pase sin pantallas, sea un tiempo libre de pantallas para mí. Pensaba en lo desagradable que debe ser que mi hijo no pueda ocupar algo porque “le hace mal” o “no es bueno para él” pero yo si pudiera ver mi teléfono o estar viendo un video de YouTube mientras “estoy pasando tiempo con él” ya que no estaría realmente involucrada. Y con este ejercicio empecé a conectar mejor con las necesidades de mi hijo y por ende a poder darme cuenta de sus señales para cuando esta aburrido, divertido o enojado y así anticiparse mentalmente y activamente a lo que eso desencadenaría.
Aún queda cuarentena y mi trabajo con las pantallas le falta mucho por mejorar, pero los cambios son notables en la primera semana. Mi día es más productivo, nuestras actividades más variadas y ya no llega desde que se levanta a pedirme que encienda la televisión.


Comments